muestra strada strada en el Museo rosa galisteo de Rodriguez en santa fe / fines del 09
“Acaso tendríamos derecho a decir: todo niño que juega se comporta como un poeta, pues se crea un mundo propio o, más exactamente, inserta las cosas de su mundo en un nuevo orden que le agrada”. El creador literario y el fantaseo, Freud, 1908, pág. 127.
Esta cita de Freud es un claro ejemplo de cómo pareciera que se construye la obra de Elisa y Marcelo Strada, santafesinos, de una familia tradicional de la ciudad. Su padre, el Dr. Marcelo Strada, y su madre, Elisa Vila, han dado vida y criado a estos hermanos, entre otros, en los que podemos reconocer un grafismo, una “caligrafía” similar, singular, única, una “caligrafía”, un trazo, y sobre todo una pulsación explosiva, una descarga contenida que nos permite acercarnos a su intimidad. Se mudaron a la ciudad de Buenos Aires tratando de hallar un significado que el mundo nos les dio, que los vincula siendo parte de una misma cosa, ¿podríamos decir que son la forma y la contra-forma de un estado mental familiar?
“Cuando dibujo me convierto en otra persona, me permito jugar, manchar …“ dice Marcelo Strada, mientras juega intensamente entre las cosas de lo real y su mundo irreal, dice, sin la voluntad de transmitir ningún mensaje mas allá de lo visual, de lo morfológico, su “caligrafía” es brutal, impresionante, espontánea, el trazo aparece descaradamente, al igual que el color, buscando sin querer la destrucción de la dualidad, rellenando las diferencias de lo igual para así construir un mundo intensamente narrado, donde hay personajes, escenas, palabras, que nos pierde en laberintos oscuros de fuertes colores, relatando algo que pareciese que sabe de otro tiempo, Marcelo expulsa fotogramas mentales intensos, permitiéndonos acercarnos a su ser, que aunque no sea su intención descubrirse, se deja ver inocentemente, obsesionado por llenar un vacío que retumba de tal manera en su interior que nos hace vibrar.
Elisa Strada ha construido un entramado con toda su obra, lo cual implica, muchas veces, develar distintas historias para construir una nueva. Entrecruzando, entrelazando, enlazando las “seudo identidades” del afuera, rastros de recorridos de esa gran ciudad que muta día a día con entidad propia, crece, avanza descontroladamente. Strada toma con precisión alquimista, mapas urbanos, carteles de alquiler, de ofertas, volantes, vidrieras, fotos, gráfica de golosinas, papel picado, globos, formas geométricas: cuadrados, triángulos, líneas, entre líneas , puntos, recorridos de curvas, caramelos, palabras, helados, alegría, color, para así diseñar un paisaje que logra ser feliz. El encuentro con su obra hace sentir la fuerza del primer pulso de vida, la energía de poder hacer un gran salto y dispararse en el aire para caer seguros en un colchón de colores y de alegría.
Aparece en su obra la necesidad de enfatizar los bordes y los contornos, algunas veces con gruesas líneas contenedoras, esta vez con miles de circulitos de papel, destellos flúo y formas. Todos estos elementos que ella logra vincular forman un sostén, una especie de red donde lo mas externo suele ser donde más se condensan los colores, las tramas, las figuras, como de delimitando el cuerpo, una piel o cubierta protectora que va formando un lugar, dando paso a un interior, descubriendo un especie de “casi vacío” que a veces se ubica en el centro como si fuera un nido, a veces se mueve hacia un costado, un vacío que contiene y ubica. Nos hace un lugar, uno puede encontrar un espacio donde reposar feliz, y dejarse envolver por estos mágicos trazos psíquicos, que nos sostienen en el aire como flotando en esta envoltura, haciendo posible asir de alguna forma a Strada en su grado más íntimo, más cuidadosamente encubierto.
Todo esta serie, al igual que muchas otras, está inscripta dentro de cajas o pantallas que forman la contención de este artefacto creativo de Strada, que atraviesa el tiempo y el espacio para jugar a velar, para develar lo velado, agregando en la mayoría de los casos una nueva capa que faceta en pixeles un relato virtual, digital, con movimiento, profundidad, que propone sin resistencia un momento lùdico atrapante.
Recorrer la muestra Strada Strada es como una invitación a una fiesta, a una implosión densa, profunda, que destaca su alegría. Sólo resta sumergirse, bucear en lo profundo de esta macro construcción mental, donde se anudan el afuera y el adentro en una intimidad filial conmovedora.
Rocío paladini
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